Blanco o Negro
Por Hugo Martini
La selección de candidatos a cuatro jueces federales penales en el Consejo de la Magistratura ha generado diversos comentarios vinculados con la supuesta falta de principios éticos en el procedimiento. El consejero Alejandro Fargosi -miembro del Consejo- y el diputado Federico Pinedo han sido acusados de acordar con la mayoría kirchnerista olvidando la necesaria independencia del Poder Judicial.
El tema es de una tremenda importancia. Es lamentable que el proceso haya sido criticado con un fenomenal desconocimiento de los hechos. Las acusaciones violentas volaron y se perdió el sentido de lo que estaba en juego: la efectiva independencia del Poder Judicial. A distinguidos y famosos abogados y analistas políticos les pareció más pintoresco subirse al podio de la difamación sin analizar la realidad.
Primero los Hechos
Para no vivir en un mundo de brujas la secuencia de los hechos fue la siguiente:
1. A fin de entender la palabra cuestionado y no cuestionado que se utilizará en esta descripción, cuestionado es un candidato cuyos antecedentes podrían ser fácilmente impugnados en el proceso de selección.
2. El Consejo debía proponer a la Presidenta siete jueces para que, de acuerdo a la ley, eligiera cuatro.
3. El gobierno propuso cinco no cuestionados y dos cuestionados. Fargosi sostuvo que la propuesta era inaceptable y que debía bajarse, por lo menos, uno de los candidatos cuestionados y reemplazarlo por otro no cuestionado. De otra manera el gobierno iba a elegir –entre los cuatro- a los dos cuestionados.
4. Se terminaron elevando 6 porque, a raíz de la propuesta de Fargosi, uno de los cuestionados renunció, con lo que se elevaron por el Consejo cinco no cuestionados y uno cuestionado. Con esta solución, el peor escenario es que la Presidente elija tres no cuestionados y la mejor es que elija los cuatro no cuestionados.
5. El mundo ideal no existe: decir que no a todo era asegurar que el gobierno hiciera su voluntad. El kirchnerismo tiene ocho de los nueve votos necesarios, cuatro son radicales y uno es de PRO. No llegar a ningún acuerdo era aún peor: el sistema seguía igual y eso sí era perfeccionar la dependencia de la Justicia.
6. Seguir igual tiene otra lectura: por falta de jueces todas las causas conflictivas terminan en el Juzgado de Oyarbide.
7. ¿Por qué? El voto negativo implicaba continuar como hasta ahora. La situación vigente es la siguiente: Juzgado 1, Oyarbide, Juzgado 2 Sergio Torres; Juzgados 3 y 4 un secretario a cargo de los dos juzgados, que no tiene estabilidad (puede ser echado por un decreto) por no ser Juez. La preservación de este status quo no parece un gran logro en la lucha por la independencia de la Justicia.
8. Fargosi no es “del PRO”, sino representante de los abogados de la Capital, que contó con el apoyo del PRO a su gestión en el análisis de este tema y en una conversación con el oficialismo que terminó en negativa de ambas partes a acordar. Ante la negociación trabada y a fin de nombrar los cuatro jueces que necesitaba el gobierno decidió aceptar la propuesta de Fargosi, sin ninguna otra clase de negociación.
Análisis de los Hechos
Una de las críticas más fuertes que se han realizado sobre los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner es que han privilegiado la imposición sobre el diálogo. Estos últimos ocho años prueban que la acusación es cierta. Pero pareciera que el fenómeno antidemocrático vuelve ahora como un boomerang y golpea de lleno en el cuerpo de la crítica. La realidad es incluso más compleja: para que el diálogo no sea un vano ejercicio intelectual debe buscar alguna forma de acuerdo.
La intransigencia es la quintaesencia de la falta de política. Debería operar solo en tiempos de resistencia extrema bajo una dictadura o con el país ocupado por tropas extranjeras. Pero la realidad dice otra cosa: en la Argentina –como desde hace 28 años- acabamos de participar de varios actos electorales. Algunos perdieron y otros ganaron. La Presidenta Cristina Kirchner ha ganado en primera vuelta por el 54% de los votos y Mauricio Macri en la segunda por el 64%. Comparten la misma Plaza y sus despachos están separados por menos de 300 metros. Pero la liturgia argentina de lo políticamente correcto dice que cualquier tema en el que lleguen a un acuerdo merecerá el dicterio de corrupto y escandaloso. Los únicos dos colores por los que valdría la pena luchar son blanco y negro. El gris es una desechable creación de políticos aventureros.
Sin embargo, la democracia de los países más civilizados a los que decimos -por cortesía- que nos queremos parecer, es más simple. Consiste en suponer que la acción política no es una guerra santa con un vencedor que enarbola la cabeza del vencido entre sus manos.
Por otra parte, para negociar o para no negociar hay que tener alguna forma de respaldo popular expresado en las urnas. Este es el principio de las cosas y, probablemente, la definición más simple de lo que es la democracia.
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Estimado Hugo, solo una breve mención, no creo que haya blanco o negro, creo que en este caso era la presentación y aceptación de un concurso injusto como fue el de la designación del futuro Juez Rodriguez, presunto copiado en el examen. Entonces no es blanco o negro sino que hay circunstancias no negociables, y ésta es una de ellas. Los matices siempre están en la política, pero para temas donde no se ponen en duda la corrupción vigente, como es la de este concurso.
“Con Al Capone se puede negociar algunas cosas, pero no todas”
Carlos Nougues
cnougues@gmail.com
Gracias, Hugo, por este brillante comentario, imposible de encontrar en otros medios (grandes o chicos).
Hace unos días había enviado el siguiente texto a La Naciónque, como siempre que algo no coincide con su prédica, no lo publica.
“”¿Casualidad o ironía?
Pegaditos en el centro del diario del 13/11 (pag. 28 y 29) quedaron los firmantes de la carta de lectores titulada Magistratura y, dos centímetros a la derecha, un subtítulo de la nota de Grondona, que decía “Los discípulos de Mani” haciendo mención a los seguidores del fundador de la secta de los maniqueos, aquellos que resolvían cualquier cuestión en una tajante división entre buenos y malos. Una errónea creencia supone que los maniqueos fueron derrotados y sus ideas vencidas pero, como bien dice Mariano (tal vez mirando de reojo a la izquierda), han anidado en muchas mentes.
Resulta difícil entender el planteo de quienes suelen alegar su defensa de las instituciones.
¿Qué opinan del régimen de mayorías en las decisiones?¿Cuál es el rol que tiene un representante votado por una “abrumadora mayoría” de abogados porteños(miles)? ¿A quién debe pedir instrucciones en cada voto? ¿Hay un consejo de ayatollahs que definen cuando se defiende la independencia del Poder Judicial y la transparencia en las designaciones?¿Tienen más autoridad para decidir que aquellos a los que cabría atribuir, en conjunto, los dos tercios de los votos recién emitidos, sumados a otros representantes de estamentos judiciales y profesionales?
Mani seguramente cuestionaría la “politización” de los nombramientos, porque podrían no coincidir con sus categorizaciones. Pero con un poco de memoria, podríamos advertir que el sistema del Consejo (en cualquiera de sus versiones), es infinitamente “menos politizado” que el método anterior, más allá de la desesperanza de un miembro del Consejo que participó de ambos sistemas.”"
Eduardo Toribio- Abogado porteño- Le 4515358
toribio@fibertel.com.ar
En principio, podría coincidir contigo -me refiero, obviamente, a tu editorial en Carta Política- en cuanto a que la solución adoptada configura un mal menor respecto a la propuesta del oficialismo.
Sin embargo, tu razonamiento adolece de una falla esencial. Alejandro fue elegido por nosotros para cumplir un mandato expreso y, como abogado, sabe que no podía apartarse de él. No dudo de la pureza de sus intenciones pero, coincidirás conmigo, lo menos que debía hacer era consultar a sus representantes y no actuar, como se escapó a Federico en el programa de Joaquín Morales Solá, por instrucciones del Pro.
En la medida en que tuvo tiempo para consultar al partido, hubiera podido tenerlo, también, para intercambiar opiniones, al menos con los titulares de las listas que se unieron para su elección.
Por otra parte, las superfluas explicaciones de Pinedo -en ausencia de la indispensable de Fargosi- dio pie a que comenzaran las especulaciones acerca de la finalidad última de esa “sugerencia” del Pro: quitarle a Oyarbide la causa de las escuchas, que tiene a Mauricio como procesado.
De todas maneras, con buenas intenciones o no, todo el procedimiento utilizado y el cambio de postura de Alejandro se transformó en una innegable derrota, aunque sea psicológica, para los opositores a este Gobierno.
Enrique Guillermo Avogadro
ega1@avogadro.com.ar
¿Cómo es eso de consultar con sus representados (entiendo que es un error lo de representantes)?
Si lo eligen miles no puede preguntarle a un grupo de “iluminati”(nosotros). ¿Cuál era el mandato expreso que tenía? ¿Oponerse a todo?
Eduardo A. Toribio
toribio@fibertel.com.ar
Este es un muy buen artículo, esclarecedor. Yo voté (igual que miles de abogados) a Pinedo como diputado y a Fargosi como consejero. Creo que están haciendo una oposición política inteligente y responsable, que en este caso se tradujo en un resultado positivo.
Creo que un sector que lo critica de buena fe (los menos), no entiende lo que significa el funcionamiento de un órgano colegiado. La negociación es un ingrediente necesario, saludable, que está en la esencia de la democracia republicana. Creo que Fargosi consiguió el objetivo para el que lo votaron, que es mejorar, en lo posible, la situación del Poder Judicial.
Los que hacen una cuestión de principios en este tema creo que se equivocan. Me hacen acordar a los que criticaban a Frondizi por la cuestión petrolera. Él tenía claro el objetivo, el “autoabastecimiento energético”. Y había propuesto un medio, que era la estatización. Una vez en el cargo la realidad le mostró que el medio propuesto no era viable. No resignó el objetivo, sino que lo concretó mediante un “medio” diferente, igualmente lícito, pero más eficaz. Luego vino un sector del partido radical a hacer una cuestión de principios, y se tomó una decisión que al país le costó muchos años revertir. Los hombres de Estado tienen la responsabilidad de conseguir los mejores objetivos para el país en la circunstancia concreta, con los medios (lícitos) que la realidad impone, dejando de lado los discursos (aun los propios).
En otro plano, más pedestre, no se me escapa que gran parte de la crítica es de mala fe. Proviene de sectores que con esta decisión han perdido poder. ¿O no está claro que para muchos el problema está en haber sido desplazados como “interlocutores” del kirchnerismo en materia judicial?
Para terminar, no estoy de acuerdo con quienes hablan de “mandato” y que Fargosi debía “consultar” a sus votantes. Aquí la ingenuidad roza la chicana, ¿o acaso estamos en un sistema de democracia directa? En tal sentido, quiero decir que yo lo voté a Fargosi, y si me hubiera “consultado”, le hubiera dicho que vote en el sentido en que lo hizo.
María Pugliese
amalitaber@gmail.com
Sorprenden algunos comentarios, pero es bueno hacer memoria y estar un poco actualizado. Este gobierno se ha caracterizado por no negociar, y ha hecho todo manu militari, sino recordar los increíbles DNU, por eso me sorprendo que ciertos abogados que deberían estar al tanto de esto y de la cantidad de irregularidades que se han cometido del punto de vista legal y hasta democrático.
Sin ir mas lejos, el kirchnerismo negocia con Pinedo por que le conviene tener otro Oyarbide en un juzgado Federal penal, sino pierdan cuidado que no lo hubiera hecho, Ya la inocencia de Pinedo, a mí particularmente me llama poderosamente la atención, hasta por el silencio de hoy dia ante la cantidad de medidas tomadas por el ejecutivo.
Otro ejemplo es el Subte, el Ejecutivo directamente se lo tira por la cabeza a Macri y no va a negociar se lo va a imponer.como siempre han actuad es su estilo.
También deberían recordar las innumerables negociaciones del 2009, todas se perdieron y en todas el kirchnerismo logró su objetivo.
Por eso hay que ser muy prudente cuando se acusa de blanco o negro. Hay matices y en el caso de marras reitero, con Al Capone se negocia sólo lo que se ajusta a derecho y un concurso viciado no se ajusta al mínimo derecho.
ver http://www.vinietas.blogspot.com
Saludos
Carlos Nougués